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El risotto es una especialidad muy típica sobre todo del norte de Italia, donde se come como primer plato de mil maneras. De hecho, el único límite a los tipos de risotto que se pueden encontrar está en la imaginación del cocinero. Los hay para todos los gustos: con verduras, con quesos, con carne, con setas, más jugosos, más “al dente”, más delicados o más fuertes de sabor. El que os enseño hoy es un invento mío, de esos que salen según lo que haya en la nevera el día que me decido a hacerlo. En general, hacer risotto no cuesta mucho tiempo y es bastante fácil y más o menos se sigue siempre la misma preparación. Aquí lo tenéis: Los ingredientes: - caldo de verduras - espinacas frescas - arroz - azafrán - queso parmesano rallado - vino blanco - aceite de oliva virgen extra Cómo se prepara: Lo primero que se hace es el caldo de verduras. En este caso yo tenía una zanahoria, un diente de ajo, un nabo pequeño, unos puerros pequeños y una cebolla. Se pone todo a cocer con agua y un poco de sal gorda. Tiene que cocer durante al menos 20 minutos (el caldo de verduras es más rápido que el de carne), pero cuanto más rato, mejor.
Yo también le añado un ingrediente secreto… se ve en las fotos ¡a ver si alguien adivina qué es! Mientras se cuece el caldo, se pone un hilo de aceite en una sartén con un diente de ajo y cuando esté caliente y el ajo doradito se echan las espinacas lavadas y se rehogan unos 5 minutos. Las espinacas abultan mucho cuando están crudas, pero una vez en la sartén su volumen se reduce mucho, así que no tengáis miedo de poner bastantes.
Cuando estén más o menos hechas (es suficiente con 5 minutos, porque además se seguirán haciendo con el arroz), se echa el arroz crudo. Yo suelo echar un par de puñados para cada persona.
Se remueve todo con una cuchara de madera y se añaden las hebras de azafrán.
A este punto, se añade un vasito de vino blanco, se remueve con la cuchara hasta que se evapore. Ya se puede añadir el caldo bien caliente, poco a poco, hasta tapar el arroz.
El secreto es seguir removiendo de vez en cuando el arroz y dejar que se haga a fuego muy lento, añadiendo caldo a medida que se va hinchando el arroz. Así durante 20 minutos aproximadamente. Cuando el arroz esté hecho, se espolvorea con un buen puñado de parmesano rallado y ¡a comer!

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Esta crema es muy fácil y rápida de hacer y va muy bien para aquellas personas a las que no les gustan demasiado los guisantes… Se pueden usar congelados y frescos: en el segundo caso sale mucho mejor, aunque se tarda inevitablemente más tiempo en preparar los guisantes. Los ingredientes: -guisantes -cebolla -leche -tomillo -copos de avena -sal -aceite de oliva Cómo se prepara: Se corta la cebolla en trozos medianos y se rehoga en la olla con un poco de aceite de oliva.
Cuando empieza a dorarse se añaden los guisantes (frescos o congelados) y se sigue rehogando durante más o menos 10 minutos, a fuego lento.
Se lava el tomillo y se añaden las hojitas. También se puede usar tomillo seco. La cantidad depende de los gustos de cada uno. Enseguida se cubren los guisantes y la cebolla con leche (semi-desnatada o entera), se añade una pizca de sal gorda y se deja hervir a fuego muy bajo y tapado unos 15 minutos.
A este punto se añaden los copos de avena (más o menos una cucharada sopera para cada persona), se remueve bien con una cuchara de madera y se deja hervir otros 10 minutos. Cuando la avena esté hecha, se apaga el fuego y se pasa todo con un pasaverduras. A mí me gusta dejar algunos guisantes enteros. Ya está, lista para servir con un hilo de aceite crudo y, si os gusta, con un poquito de parmesano rallado.

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Hay recetas que nacen de otras recetas y de comidas anteriores y suelen estar entre mis favoritas: aprovechar los restos de otras comidas para hacer una nueva y riquísima, eso sí que es reciclaje! En este caso, lo que he reciclado son las verduras que he usado para hacer la bechamel. Unos días antes de preparar este plato, había hecho un risotto con caldo de verduras. El caldo lo usé todo para el arroz, pero ¿qué hacer con las verduras cocidas? Seguid leyendo y lo vais a descubrir… Los ingredientes: - coliflor - patatas - verduras hervidas - leche - mantequilla o margarina - harina - queso rallado para gratinar - sal - pimienta Cómo se prepara: Ponemos a hervir la coliflor y la patata, cortadas en trozos grandes, en abundante agua con sal. Tardan en hacerse más o menos 15 minutos. Mientras tanto preparamos la bechamel de verduras.
Cogemos las verduras cocidas para el caldo (en mi caso tenía zanahorias, nabos, cebollas y puerros) y las pasamos con un pasaverduras.
Dentro de la misma olla o cazo, ponemos un poco de mantequilla o de margarina, lo ponemos todo al fuego y esperamos a que se deshaga.
En cuanto se ha deshecho, añadimos unas cucharadas de harina (dependiendo de la cantidad de verduras y de cuántas personas van a comer…) y mezclamos bien, para que no se formen grumos.
Cuando está todo bien mezclado añadimos poco a poco la leche, como para una bechamel normal, sin parar de dar vueltas. Una vez que ha alcanzado la consistencia ideal (no demasiado compacta, a mí gusto), le añadimos una pizca de sal y espolvoreamos con un poquito de pimienta y la dejamos reposar. Según las verduras, cogerá un color un otro. La mía era ligeramente naranja, por las zanahorias.
Mientras tanto, escurrimos la coliflor y la patata y las disponemos en una fuente para horno.
Le añadimos la bechamel y por último espolvoreamos todo con queso parmesano rallado.
Lo ponemos al horno a 180º durante 10 minutos y luego 5 minutos más a gratinar.
¡Está para chuparse los dedos!

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En Italia es muy típico acompañar la carne con lo que nosotros llamamos el contorno, que suele ser una ensalada sencilla o una verdura. Los más típicos pueden ser unas patatas fritas o al horno, unas espinacas salteadas con ajo o unas judías verdes pasadas por la sartén con un poco de mantequilla. La variedad de los contorni sin embargo es infinita, simplemente hay que echarle algo de imaginación. En mi casa, mi madre hace a veces de contorno zanahorias salteadas con ajo o nabos, también salteados con ajo. El otro día se me ocurrió que las dos cosas se pueden juntar. La mezcla es curiosa y sabrosa, con lo dulce de las zanahorias y lo fuerte y algo amargo de los nabos. Es fácil y además muy sano! Los ingredientes: - zanahorias - nabos - dientes de ajo - aceite de oliva - sal Cómo se prepara:
Se cortan las zanahorias muy finitas, en rodajas de 1 o 2 mm.
Se cortan también los nabos, algo menos finos porque la pulpa del nabo suele deshacerse más rápidamente que la de la zanahoria.
Se calienta aceite en una sartén y se doran los dientes de ajo. Cuando están doraditos, se añaden las zanahorias y los nabos, con una pizca de sal.
Se remueven de vez en cuando, dejando el fuego bastante alto durante 10 minutos aproximadamente, para que vayan dorándose bien. Luego se baja el fuego y se tapan durante 10 minutos más.
Ya está. Con este plato se puede acompañar cualquier carne a la plancha o incluso una tortilla.

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Esta ensalada me salió un día de esos que no tienes mucha cosa en la nevera y no sabes qué hacer para comer. Entonces agudizas el ingenio y a veces y con un poco de suerte salen cosas bastante ricas Los ingredientes: - col - beicon ahumado - pepinillos - queso - sal - aceite de oliva - pimienta molida - vinagre - mostaza o salsa de rábano picante (opcional) Cómo se prepara: Se corta la col (cruda) bien finita.
Mientras tanto, se dora el beicon cortado en trocitos pequeños. No hace falta casi poner aceite, se dora con su propria grasa (que quitaremos para que la ensalada no sea demasiado pesada).
Se cortan en trozos de medio cm los pepinillos y el queso (cualquier queso semi-curado, o tipo emmental puede ir bien).
Se mezclan todos los igredientes y se aliña con sal, una pizca de pimienta molida, vinagre y aceite.
Si se le quiere dar un sabor algo más fuerte, se puede añadir un poco de mostaza o salsa de rábano picante. El rábano picante es una raiz bastante poco conocida y poco usada, por lo menos en la cocina mediterránea (no es así en la inglesa o en la japonesa, por poner dos ejemplos).
Tiene un sabor inconfundible e igual de inconfundible es fu manera de “picar”. No pica como una guindilla, que se nota en la boca y en la lengua. El rábano picante pica en la nariz. Si habéis probado la salsa wasabi (típica en la cocina japonesa) sabréis a qué me refiero…

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